Cuando le dijeron que no podían modificar sus zapatos favoritos, Beatriz de los Mozos creó Flabelus. Una marca que mezcla la tradición de la alpargata española con personajes literarios y la visión fresca de una mujer que entiende la moda como comodidad, color y elegancia.
Beatriz de los Mozos atraviesa la boutique Ave María con la misma elegancia despreocupada que define a su marca. Lleva un vestido de volantes que parece haber nacido del propio bosque salvadoreño: flores tropicales rosadas y hojas en verdes y turquesas se extienden sobre un fondo color terracota que imita la exuberancia vegetal de esta parte del mundo. En sus pies, unas alpargatas oscuras de terciopelo, firmadas por Flabelus, completan el cuadro. Son el manifiesto perfecto de lo que la marca representa: tradición artesanal, estilo contemporáneo y la comodidad que camina con determinación.
La tienda está viva. Hay clientas y admiradoras que se acercan a Beatriz como quien saluda a una amiga largamente esperada. Le muestran sus compras, zapatos que llevan los nombres de heroínas literarias, con una mezcla de orgullo y alegría. No pierden la oportunidad de inmortalizar el momento en una foto. Es su primera vez en esta tierra. "Me ha encantado. Súper verde. Me da pena no quedarme más", confiesa con una sonrisa fresca.

Entre sonrisas y flashes, Beatriz no pierde de vista los detalles. Se asegura de que el catering siga sirviendo los mini bagels de salmón y alcaparras, aunque las copas de vino siguen intactas. El camarero le explica, casi en susurros, que es muy temprano para que las invitadas beban. Ella asiente con una sonrisa ligera. Hasta las servilletas llevan el logo de Flabelus. Nada ha sido dejado al azar.
Al fondo, moviéndose con tranquilidad, está Sandra Carrillo, propietaria de Ave María. Es la anfitriona de esta mañana de marzo, que marca la llegada de Flabelus a San Salvador como parte de su gira centroamericana organizada por Latin America Fashion Summit (LAFS). La escena es más que una presentación de moda; es un encuentro entre mundos, tejidos por la sensibilidad y la visión de Beatriz, que convierte cada zapato en una historia y cada evento en una experiencia.
La chispa que inició todo
Flabelus nació de una chispa, aunque en realidad fueron muchas. Todo empezó con una prohibición médica. Beatriz sufría dolores de espalda y le dijeron que debía dejar de usar sus amadas venecianas, un tipo de zapato italiano tradicional. Intentó pedir modificaciones a los fabricantes, pero la respuesta fue siempre la misma: "No se puede".
Aquella negativa fue el impulso para crear algo propio. Se marchó a España en busca de alternativas y encontró inspiración en la alpargata española, ese calzado humilde y resistente que lleva caminando siglos. "Es un zapato centenario. Desde que los romanos llegaron a España, por el siglo I antes de Cristo, ya se usaban alpargatas para las largas caminatas", cuenta, dándole al relato de Flabelus la textura de una leyenda antigua.

Pero Flabelus no es solo una oda a la tradición. Beatriz entrelaza la historia con la literatura, otra de sus pasiones. "Cada zapato lleva el nombre de un personaje literario que me inspira", dice. Este año, la musa es Sissi, la emperatriz que desafió convenciones. "Me gusta mezclar dos historias: la real y una que inventamos. Es como poner a Sissi en un mundo nuevo, revisitar cómo acaba el cuento". En cada modelo hay una narrativa encubierta, como si quien los lleva calzara no solo diseño, sino también una identidad secreta.
Flabelus es, en esencia, Beatriz misma. "Si te metes en mi cerebro, ves Flabelus. Es mi mundo colorido", explica. Y ese color es una declaración. "Me anima, me ayuda a transmitir, me hace sentir más cómoda". La elegancia, para ella, se define en la sencillez, la comodidad y la vitalidad. "Quien crea que comodidad y sofisticación no pueden convivir, está alejado del mundo real de la mujer de hoy", afirma. Flabelus viste a esa mujer todoterreno que trabaja, cuida, vive y sueña, sin perder ni un ápice de belleza.
"Quien crea que comodidad y sofisticación no pueden convivir, está alejado del mundo real de la mujer de hoy", Beatriz de los Mozos.
El mayor desafío de la marca ha sido mantener viva la producción artesanal en España. "Si queremos seguir siendo fieles a nuestra esencia, no podemos producir en masa. Por eso abriremos nuestra propia fábrica dentro de tres semanas", revela. Es una apuesta valiente por la sostenibilidad y el control de calidad. En tiempos donde la moda rápida arrasa, Flabelus planea resistir como un faro de autenticidad.
La expansión internacional no ha mermado su espíritu. De hecho, Beatriz asegura que la clave es mantener la identidad local. "No es lo mismo hacer un evento desde España que venir aquí, conocer personas, hablar con los clientes, entender qué les gusta". Con tres nuevas tiendas a punto de abrir en Nueva York, Flabelus pisa firme. "Estados Unidos ya es nuestro mercado más fuerte", confiesa, aunque mantiene los pies en la tierra.

La gira con LAFS es otro capítulo de esta historia. "Trabajamos súper a gusto. Su perfil de mujer y el nuestro es el mismo. Hablamos a la misma audiencia", dice. La conexión es natural, tanto como la recepción cálida que ha sentido en Centroamérica.
Cuando se le pregunta cómo se visualiza a futuro, Beatriz sonríe: "Como una marca enorme, global. Y si hubiera clientes en Marte, montaría un cohete para mandarles Flabelus". Esa mezcla de ambición, humor y determinación resume perfectamente el espíritu de la marca: cómoda, audaz, inconfundible.
¿Cómo permanecer en el tiempo?

Beatriz lo sabe bien. La industria cambia rápido, pero ella tiene claro cómo mantenerse a flote. "Queremos convertirnos en fondo de armario", dijo más temprano con esa convicción serena que define a quienes han desafiado las reglas y han ganado. "De la misma manera que todas las mujeres tienen un par de chanclas, unas sneakers, unos zapatos de estar en casa... Flabelus es una nueva categoría. No es una bailarina clásica, pero tampoco una deportiva. Es algo intermedio, cómodo y elegante, que se queda contigo".
Y ahí está la clave. Flabelus no pretende ser una tendencia fugaz. Beatriz quiere que sus zapatos acompañen a las mujeres en sus vidas reales, esas que mezclan trabajo, familia, viajes y sueños. Quiere que sus diseños se conviertan en algo tan imprescindible y natural como las prendas que no pasan de moda. Al verla ajustar los últimos detalles, despidiéndose con abrazos y sonrisas, es fácil creerle.